El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres ha presidido hoy, en Castro Urdiales (Cantabria) el acto de entrega a las familias de los restos de Cecilio Romaña, Alejandro Miquelarena y Luis Portillo, jóvenes republicanos cántabros que fueron fusilados por falangistas en Mirones cuando volvían a casa desde el frente.
El ministro ha señalado la importancia de la recuperación de “cada una de las historias que componen el mosaico de la historia de nuestro país”, y se ha mostrado “emocionado” por haber procurado que estos tres hombres haya podido “volver a casa, casi 90 años después”.
Luis Portillo tenía apenas 22 años cuando fue asesinado. Procedía de una humilde familia marinera de Castro Urdiales y había combatido en las filas republicanas hasta la caída de Santander. Junto a Alejandro Miquelarena y Cecilio Romaña emprendió el regreso a casa con la esperanza de reencontrarse con los suyos. Nunca llegó. Fueron detenidos, golpeados y asesinados en el Alto del Machorro, en Mirones (Cantabria), el 6 de septiembre de 1937.
Romaña era pescador, padre de cinco hijos y afiliado a la CNT. La guerra le arrebató su trabajo, su tranquilidad y finalmente su vida. Combatió en algunos de los episodios más duros de la guerra en el norte y, cuando ya todo parecía perdido, intentó regresar a su hogar. Fue detenido junto a sus compañeros y asesinado.
Miquelarena, también pescador, tuvo que abandonar la escuela siendo niño para ayudar a su familia. Su compromiso social le llevó a ejercer como concejal del Ayuntamiento de Castro Urdiales y más tarde a incorporarse a las filas republicanas. Tenía 27 años cuando fue asesinado.
Torres -que ha estado acompañado de la alcaldesa de Castro Urdiales, Susana Herrán, de la subsecretaria de Política Territorial y Memoria Democrática, Berta Pérez, y de la directora general de Atención a las Víctimas, Zoraida Hijosa- ha hecho mención del momento, el pasado abril, en el que comunicaba por teléfono a los familiares (Eduardo Lazcano, Ernestina Olavarría y Alejandro Miquelarena) la identificación de los restos de estas tres víctimas. “Poníamos el broche a años y años de búsqueda y obstáculos, a décadas de injusticia y silencios”, ha indicado.
El ministro ha recordado que “mirar con rigor al pasado no sólo es un deber legal, también es un deber moral, una forma de terapia democrática que no sólo cura heridas, sino que hace justicia a las víctimas y a un país que estuvo demasiado tiempo sumido en la oscuridad”, y ha hecho hincapié en la necesidad de que la juventud conozca lo sucedido para evitar que se repita y que “vuelva la ignominia”.
Para hacerlo, ha recalcado Torres, la mejor herramienta es la Memoria Democrática. “El olvido nunca es la respuesta. Hay que enfrentar la verdad con firmeza y dignidad”, ha dicho, y se ha comprometido: “No vamos a parar. Tenemos aún mucha tarea por delante. 9.000 cuerpos exhumados, a los que seguirán otros tantos. Porque hay que tener el corazón de hielo para negar a un hijo, una nieta o una sobrina dar sepultura, la que quiera, a sus seres queridos”.
En el acto ha participado también la directora del equipo técnico de la exhumación, Lourdes Herrasti, y el presidente de la Asociación Héroes de la República y la Libertad, don Jorge Suárez.