- Robert Capa, al igual que otros fotógrafos como Gerda Taro, denunció en los principales medios gráficos de la época la atrocidad de los bombardeos aéreos durante la Guerra
- También se reconoce al párroco Ildefonso de Pedro y a los vecinos que perdieron sus hogares por los bombardeos
El Boletín Oficial del Estado (BOE) publica hoy una resolución de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática declarando Lugar de Memoria Democrática el Conjunto formado por el edificio situado en el número 10 de la calle Peironcely, el espacio conocido como Plaza del Fotógrafo Robert Capa, la zona ajardinada anexa y el Centro Pastoral de San Carlos Borromeo, Madrid.
Durante su estancia en España, Robert Capa, al igual que otros fotógrafos como Gerda Taro, denunció en los principales medios gráficos de la época la atrocidad de los bombardeos aéreos durante la Guerra. A su regreso a París, sus fotografías causaron sensación. El impacto de las fotografías de Capa y los dramáticos eventos que reflejan sigue estando muy presente en la memoria de los habitantes de Vallecas. Tanto es así que la plaza situada en los aledaños de Peironcely, 10, que también sufrió los efectos de los bombardeos, ha sido rebautizada por los vecinos del barrio como Plaza del Fotógrafo Robert Capa.
La misma suerte corrió la zona ajardinada en la acera de los números impares del inicio de la calle Peironcely. La vivienda que ocupaba el número 3, conocida como “casa del cura”, albergaba al párroco de San Carlos Borromeo, Ildefonso de Pedro Miguelañez, de 33 años, quien residía allí junto a su padre y cinco hermanas. Además de ellos, 29 personas perdieron sus hogares, tras la destrucción causada por la aviación en apoyo del ejército golpista.
El espacio conocido popularmente como Plaza del Fotógrafo Robert Capa y la parcela de terreno ajardinada forman parte del mismo relato histórico de las víctimas del fascismo de este barrio madrileño: quienes sufrieron los bombardeos de 1936 y quienes, tras la guerra, llegaron a Madrid huyendo de la represión de la dictadura y de la pobreza, especialmente desde Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha. Familias enteras utilizaron los restos aún en pie de las casas destruidas por las bombas para autoconstruirse sus humildes viviendas que, en muchos casos, habitaron hasta mediados de la década de los 70.
Actualmente, el Centro Pastoral de San Carlos Borromeo acoge una comunidad religiosa de fuerte vocación participativa y solidaria, que da continuidad a la labor iniciada por su entonces párroco. Entre sus iniciativas se encuentran la atención a la infancia, la distribución de comidas solidarias, el acompañamiento a personas con adicciones y el apoyo a personas migrantes y refugiadas.