- El delegado del Gobierno en Cantabria y la cónsul de Rumanía en Bilbao han inaugurado esta muestra que se podrá ver en la Sala Juan de la Cosa de la Delegación hasta el 31 de marzo
La Delegación del Gobierno en Cantabria acera a los cántabros y las cántabras una exposición con 23 obras gráficas sobre la representación femenina en el periodo comunista en Rumanía y a través de las cuales se puede ver como a la mujer se la representaba entre propaganda, ideología y resistencia.
El delegado del Gobierno en Cantabria, Pedro Casares, y la cónsul de Rumanía en Bilbao, Bianca Miruna Gavrilita, han inaugurado este miércoles esta exposición organizada en colaboración con el Instituto Cultural Rumano (ICR) de Madrid y el Museo de Arte de Constanza (MACT) y que se puede visitar en la Sala Juan de la Cosa de la Delegación hasta el 31 de marzo.
En la apertura de esta muestra titulada ‘El cuerpo femenino entre mito y resistencia en la gráfica rumana del período comunista’, también han participado la directora del Museo de Arte de Constanza, Lelia Rus-Pîrvan, y la directora del ICR Madrid, Maria Floarea Pop, así como el cónsul honorario de Rumanía en Cantabria, Sancho Michell.
Casares ha ha puesto en valor que la Delegación acoja esta “exposición tan simbólica” que permite “mostrar el arte desde la perspectiva femenina en la época comunista en Rumanía”.
“Una visión más del poder imparable de las mujeres y de la igualdad, esta vez mostrado a través de obras de arte, cuando quedan escasos días para celebrar el 8 de marzo”, ha ensalzado el representante del Estado.
En su intervención, Casares ha indicado que “hoy la mujer en España y Rumanía tiene los mismos derechos y oportunidades” pero ha abogado por “seguir avanzando en esa plena igualdad”. Y es que, ha añadido, “cuando no se avanza se retrocede y vemos muy cerca a todos esos que quieren que nuestra sociedad dé pasos atrás en el tiempo”.
Esta exposición en la Delegación del Gobierno en Cantabria coincide con la conmemoración de los 146 años de relaciones diplomáticas entre Rumanía y España y los 20 años del Instituto Cultural Rumano en España, tal y como ha recordado la directora del ICR.
23 OBRAS DEL UNIVERSO VISUAL COMUNISTA SOBRE LA MUJER
Esta exposición, cuyas 23 obras forman parte del proyecto ‘El Museo en el Depósito’, investiga uno de los temas recurrentes y profundamente problemáticos de la época comunista: la representación del cuerpo femenino.
En el universo visual del comunismo, el cuerpo femenino ocupa un lugar central, pero profundamente ambiguo. La mujer es representada como símbolo del progreso, de la fuerza productiva y del futuro socialista, pero al mismo tiempo es reducida a una función ideológica.
En el arte rumano se construye así de manera sistemática el mito de la “super-mujer”: una figura infatigable, siempre joven y sonriente, capaz de trabajar sin esfuerzo, de sostener la economía y de asegurar la continuidad biológica del Estado.
En los carteles y las obras gráficas del período 1958–1965, la mujer aparece perfectamente integrada en el paisaje industrial y agrícola, junto a fábricas, maquinaria o campos cultivados. La feminidad es redefinida en términos de eficiencia, disciplina y sacrificio, perdiendo cualquier vínculo con la intimidad o la vulnerabilidad.
DE IMAGEN IDEALIZADA A REALIDAD DOLOROSA
Detrás de esta imagen idealizada se esconde, sin embargo, una realidad dolorosa: las mujeres reales soportaban una doble carga, siendo simultáneamente trabajadoras y madres, ciudadanas modelo y pilares de la familia. La emancipación prometida por el discurso oficial se transformaba, en la práctica, en una forma de control adicional sobre el cuerpo y la vida personal.
La selección de obras de la exposición perfila una tipología recurrente de la mujer trabajadora, presente en escenas de trabajo agrícola e industrial. En obras como ‘Muncitoarele’ (Las trabajadoras) de Emilia Dumitrescu, ‘Seceriș’ (La siega) y ‘În zori la lucru’ (Al trabajo al amanecer) de Iulian Olariu, el cuerpo femenino es captado en plena acción, integrado en un ritmo de producción que parece naturalizado.
“Los gestos son firmes, repetibles, casi mecánicos, y la individualidad se disuelve en el rol. Asistimos a una verdadera coreografía del trabajo, en la que el cuerpo se convierte en instrumento y el sujeto es absorbido por la función”, según indica la comisaria de la muestra y directora del MACT, Lelia Rus-Pîrvan.
La misma lógica es visible en obras como ‘Colectivistele’ (Las colectivistas) de Lucia Cosmescu o ‘Femei la sapă’ (Mujeres con la azada) de Dimitrie Nicolaide, donde la actividad agrícola adquiere una dimensión moralizante. La disciplina y el sacrificio son elevados al rango de virtud, y el trabajo se convierte en un acto casi heroico.
El mito de la super-mujer comunista se consolida mediante la acumulación de roles: la mujer no es solo trabajadora, sino también especialista del progreso socialista, como aparece en ‘Laboranta’ (La laboratorista) de Ana Iliuț.
El acceso al espacio público y profesional se presenta como signo de emancipación, pero esta emancipación está condicionada a la aceptación de un único modelo de feminidad: productivo, obediente y permanentemente optimista. El sufrimiento queda completamente excluido de la representación del cuerpo femenino. La mujer comunista no se cansa ni llora; trabaja sin interrupción.
Un contrapunto esencial dentro de la exposición lo constituyen las ilustraciones realizadas por Geta Brătescu para Mutter Courage. A través de líneas simples, espacios vacíos y gestos esenciales, Brătescu completa el personaje de la dramaturgia de Brecht, otorgándole una dimensión visual contemplativa que subraya la tensión entre pérdida y protección.