La conmemoración del Día de la Memoria por decimosexto año consecutivo ha reunido esta mañana a la Delegación del Gobierno en el País Vasco, al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, a la alcaldesa de Ermua, asociaciones de víctimas y diversas autoridades en el Izarra Centre de la localidad vizcaína. Tras las palabras de Beatriz Gámiz, Florencio Domínguez y Marisol Garmendia, han intervenido Cristina Cuesta (directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco), Imanol Zubero (miembro del extinto Gesto Por la Paz) e Iñaki
Vélez (miembro del Grupo Itaka de Escolapios), invitados en este día especialmente
dedicado a los movimientos pacifistas en la lucha contra el terrorismo.
La delegada del Gobierno, durante su intervención, ha destacado que este día nos convoca a tres compromisos esenciales: memoria, reconocimiento y compromiso. “Memoria, porque solo desde la verdad se construye la convivencia. Conociendo lo que pasó, quiénes fueron las víctimas y los victimarios, por qué asesinaron, extorsionaron, persiguieron y por qué muchos los defendieron, jalearon o callaron. Reconocimiento, porque cada víctima tiene un nombre, una historia, una dignidad que hay que restablecer y no olvidar nunca. Y compromiso, porque preservar el recuerdo y la memoria exige una firme apuesta política que se plasma en la defensa irrenunciable de los derechos fundamentales, la justicia y la reparación para las víctimas. Exige mantener viva la conciencia democrática de una sociedad vasca que todavía tiene deberes pendientes --algunos vascos con más deberes pendientes que otros, todo sea dicho--”.
Marisol Garmendia ha dedicado parte de su discurso a resaltar las figuras de los invitados en una jornada dedicada a los movimientos cívicos y a los grupos pacifistas. “que alzaron su voz pidiendo la paz y la palabra (rememorando al poeta Blas de Otero) frente a la barbarie terrorista. A Gesto por la Paz, que cada semana en las calles y plazas, en atronador silencio, en minoría para vergüenza de la mayoría, y con serenidad, recordó que la firmeza democrática no necesita vociferar. A Cristina Cuesta, cuya valentía personal y compromiso público son ejemplo de ética cívica y de defensa de los derechos humanos. Y también a Imanol Zubero, cuya reflexión serena, su compromiso social y su pensamiento abierto han sido guía para construir una cultura de paz y de diálogo en el País Vasco. Su voz —intelectual y humana— ha sido una referencia ética para entender que la convivencia no se impone: se educa, se comparte y se cultiva desde la honestidad”.
Y un apartado especial para los Escolapios de Bilbao en su 40 aniversario. “Durante décadas, los Escolapios han formado a miles de jóvenes en valores, en pensamiento crítico, en solidaridad. Desde aquella Asociación Itaka, formada por profesores, alumnos, exalumnos y padres del colegio que se concentraron en silencio para repudiar a ETA. En tiempos de violencia, la escuela fue refugio, fue diálogo, fue esperanza. Educar en la paz es una tarea profundamente democrática, porque educar en la verdad y en la justicia es esencial para construir ciudadanía comprometida”.
Marisol Garmendia también tuvo palabras dedicadas al Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo que “en esa labor educadora, tengo que destacar el valioso trabajo que está realizando con centros escolares de toda España. Confío en que, en Euskadi, la comunidad educativa vasca reconozca y se sume también al trabajo colaborativo con el Memorial. Y que la voz de las víctimas seguirá siendo la brújula moral de nuestra democracia”.
Garmendia ha dado las gracias a todos los participantes en este Día de La Memoria “por recordarnos que la libertad -este año celebramos 50 años de España en libertad- no es un regalo, sino un logro que se conquista, que se cuida y que debemos de defender frente al auge de los populismos extremistas, reaccionarios y totalitarios que intentan socavar los pilares mismos de la democracia y la convivencia”.
Y una enseñanza para el presente y el futuro porque “este Día de la Memoria no es solo un acto de recuerdo. Es una llamada al compromiso. A seguir trabajando desde las instituciones públicas, desde la escuela y la universidad, desde la sociedad civil, como lo hicisteis los movimientos pacifistas, por una sociedad vasca capaz de convivir entre diferentes, sin olvidar pero sin odiar”.